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The importance of workflow in the translator / agency relationship

Entre mis especialidades de trabajo, y con la que comencé en el mundo de la traducción allá por 1990 se encuentra la traducción aeronáutica. Esta especialidad, como otras muchas, cuenta entre sus clientes finales con empresas muy exigentes. En ese sector trabajo tanto para clientes finales como para agencias. Esta misma tarde he tenido una interesante conversación con un PM de una de esas agencias (muy importante en España y cuyo cliente final es una multinacional enorme del sector).

El cliente final evalúa mensualmente el rendimiento de su relación con la agencia y esta, a su vez, comparte esos datos con los traductores asignados a ese cliente en sus diferentes proyectos. Hasta aquí todo perfecto, de hecho esto no suele ser lo habitual, sin embargo es una forma excelente de aprender/mejorar y adaptarse a las exigencias del cliente final. No tengo problemas en ese sentido y la relación con la agencia es excelente.

Sin embargo hemos detectado un pequeño gran problema que deberíamos solucionar para que el nivel de errores se reduzca drásticamente en el futuro. Algo que pudiera parecer evidente, pero que no se aplica con consistencia puede llegar a arruinar un contrato de cientos de miles de Euros en unos pocos meses.

El flujo de trabajo para este cliente es complejo y lleno de exigencias en cuanto a terminología y formatos, lo que hace que la comunicación entre el cliente final-agencia-traductores deba ser fluida. Sin embargo, la agencia ha cometido un error grueso que ha hecho que la calificación del mes pasado no haya sido todo lo buena que debería: la tormenta perfecta.

A mi entender el flujo de trabajo ideal debería ser el siguiente:

Flow 001Pero ¿y si un término no aparece en el glosario y además las memorias de traducción que se entregan al traductor no están actualizadas con las últimas validaciones del cliente y ese término aparece allí con una traducción no validada? Pues que el cliente se queja, con o sin razón, pero se queja. Ni el traductor ni el revisor dimos con ese error y ha llegado al cliente final, un error que podría haberse evitado.

Como traductor prefiero trabajar con una memoria (TM) con pocas unidades de traducción (segmentos), pero totalmente validada, a una TM enorme, pero que nos deje dudas de su calidad y idoneidad. En eso estamos de acuerdo con a agencia, ¿pero quién le pone el cascabel al gato ahora que las TM tienen cientos de miles de segmentos? Ahora la agencia tendrá que invertir cientos de horas en filtrar y realizar un QA exhaustivo de las TM para evitar las dudas que ahora se ciernen sobre ellas. Aunque lo primero será validar un glosario que adolece de muchas carencias, entre las que cabe mencionar el hecho de que no está pensado para trabajar con las herramientas CAT, que sin embargo, debemos utilizar para traducir y revisar los documentos.

Por eso, la actualización constante del glosario, el feedback del cliente final y la modificación de las TM que se entreguen al traductor deben ser los pilares fundamentales en los que basar el trabajo en entornos tan exigentes como este.

¿Qué opináis ustedes? ¿Cambiaríais algo en el flujo de trabajo? ¿Proponéis algún flujo alternativo?

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