Visión general y comentarios

En Sevilla tenemos un dicho: “Cada uno cuenta la feria como le va” (o algo parecido, perdona mamá).

Yo no soy muy feriante, pero el espíritu del dicho viene a ser que las experiencias vitales son subjetivas y personales. Igualito que trabajar con/para clientes directos: no es ni bueno, ni malo, desde mi punto de vista, diferente al trabajo para agencias. Compartir algunas de las estrategias que he usado al trabajar con ellos no le servirá a todo el mundo, cada feriante podría contar experiencias diferentes, pero puede servir para adaptar o mejorar cómo otros traductores freelancer se acercan a este tipo de cliente.

Como muchos otros colegas de profesión, mi cuota de clientes se decanta hacia las agencias de traducción, en una proporción que varía con los años, pero que podría situarse en el 75 % de agencias como clientes, vamos, que solo 1 de cada 4 de mis clientes son clientes directos. Ciertamente esto tiene sus pros y sus contras, algo que ya otros compañeros han tratado y que no viene al caso. Lo que sí viene al caso es la forma de enfocar el trabajo de traducción para cada uno de estos clientes: obviamente, como profesional, intento ofrecer lo mejor de mi en todo momento y en toda circunstancia, pero las estrategias varían en función del tipo de cliente: agencia o directo.

  1. El contacto inicial

El cliente directo no te va a pedir una prueba de traducción, de modo que tampoco tu vas a saber con qué criterios se manejan a la hora de revisar tu texto. Lo más probable es que la persona que revise tu texto, si alguien lo hace, no sea traductor, más bien será un comercial, técnico, abogado, etc. “que sabe inglés”. Sí, lo he puesto entre comillas, porque esta categoría de empleado en las empresas españolas incluye un complejo ecosistema de especies, desde el ingeniero que ha estudiado o trabajado en los EE.UU., hasta el que tiene un B1 (aprobado por los pelos). Por eso, mi consejo es que desde el primer momento pidáis tener una toma de contacto con la persona que va a revisar (o evaluar) vuestra traducción. De esta manera sabréis el carácter del tigre con el que vais a entrar en la jaula.

2. Trabajo previo

Normalmente el cliente directo no entiende de memorias, glosarios y referencias. Tampoco suele hacerlo de formatos, solo quiere que la traducción se haga rápido y bien (lo de barato lo doy por supuesto que os lo pedirán). Sin embargo, para que una traducción nuevas les resulte familiar si ya antes han utilizado otros recursos tendremos que pedir que nos dejen acceder a dichos documentos, originales y traducciones, explicándoles el objetivo de dicha solicitud, sin ocultarlo, al fin y al cabo es por mantener un criterio uniforme. Esto puede suponer un trabajo previo a la traducción propiamente dicha, pero facilitará la creación de una TM (si no lo había) y de un glosario a partir de la documentación bilingüe (MemoQ puede hacer maravillas en este sentido). Servirá también para que el cliente vea que nos tomamos en serio una relación a futuro, ya que podremos presentar este trabajo previo como la creación de cimientos para trabajos posteriores.

3. Durante la traducción

Surgirán dudas a la hora de traducir y habrá que dirigirse al interlocutor en la empresa para resolver algunas de ellas: sin duda es preferible crear un informe, parecido al que podríamos crear en los llamados query logs, ya sabéis que las empresas son muy fan de los informes. Creo que más que enfocarlos hacia la parte terminológica (que se supone que dominamos), debemos llevarlo al terreno del uso específico en la empresa, buscamos la complicidad del interlocutor, que nos haga ver todo lo que sabe. Ese abordaje los hará mucho más receptivos a la hora de responder que ante preguntas directas del tipo “¿cómo se dice XXX?”

4. Después de la revisión

Cuando el lápiz rojo del cliente aparezca, porque aparece, no debemos enojarnos aunque haya motivos. Mostrarse condescendiente tampoco sirve mucho más que para darle pábulo y alas al “acribillador”. Debemos intentar (aunque nos lleve tiempo) refutar lo que sea refutable, dando pocas lecciones gramaticales, más bien habrá que recurrir a ejemplos de usos que nos ayuden a demostrar que nuestra versión en mejor. El tiempo que empleemos en este periodo servirá para que podamos ir “educando” a nuestro interlocutor, indicándole que no somos unos pardillos y que sabemos de lo que hablamos. En otros casos habrá que dar nuestro brazo a tocer, no servirán los datos que ofrezcamos y las fuentes documentales, sera aquello de “pues nosotros lo decimos así”. Ante esto solo hay dos soluciones, nos despedimos cortésmente y no volvemos a trabajar con ellos (¡ughh!), o agregamos las sugerencias a la terminología propia del cliente (y quién sabe si más adelante, el cliente pueda cambiar de opinión…os juro que esto último me ha pasado, aunque tuve que cambiar de interlocutor para que sucediese).

Posiblemente estas pautas de conductas puedan aplicarse en parte al trabajo con agencias, aunque en la mayoría de las veces sería nuestro PM el que tenga que lidiar con el interlocutor en el CD.

¿Alguna experiencia que compartir? Todos los comentarios son bienvenidos.